3 de noviembre de 2009

Intentó leerla

Intentó leerla, sin éxito. Y eso hacía que la incomodidad se retorciera por las paredes de su garganta como una serpiente gorda y viscosa.
-¿Qué mirás? –preguntó ella. Él bajó la vista, y trató de tragar la serpiente, en vano–. ¿Qué mirás? –volvió a decir, no iba a dejarlo pasar esta vez.
-Es que no te puedo leer –dijo.
-¿Por qué me querés leer? –él sintió frío, un frío que agrieta el piso y lo deja del lado equivocado.
-No sé –ella se montó sobre él.
-Sí que sabés, hablá, ¿por qué me querés leer? –la pregunta puso nerviosa a la serpiente, las escamas le rasparon la garganta. Una pregunta, una posibilidad de ser sincero, sencillo, suicida.
-Para saber qué querés, y dártelo –dijo.
-¿Por qué? –él seguía con los ojos cerrados, pero vio claramente el cambio de color en la voz de ella.
-¿Por qué? –volvió a preguntar, y él pensó sin pensar lo que decía–, para ser agradable... –la serpiente se asomó entre las palabras, ella la agarró con las dos manos.
-¿Para qué querés ser agradable? –no la soltaría, él lo supo.
-Si puedo ser agradable... ¿por qué no?
-¿Qué más? –inquirió ella, filosa, sin ceder un mílimetro.
-No sé.
-¿En qué te convierte ser amable? ¿En qué te transforma para mí?
-No sé, no sé lo que es para vos, eso depende de vos.
-¿No querrás darme lo que quiero para poder, no sé, controlarme? –la serpiente trataba de volver, pero ella dio un tirón y la sacó más para afuera.
-¿Qué?
-Si vos me das lo que creés que quiero, evitas que te rechace, por lo tanto me mantenés bajo control –y con un último tirón, arrancó lo que quedaba del reptil–. El rechazo... es terrible el rechazo –agregó.
Miré la serpiente, y sentí miedo. Yo, que durante toda mi vida trabajé sistemáticamente para neutralizar el miedo, el dolor, cualquier sensación de vulnerabilidad, me descubrí tan desnudo, tan pequeño, tan niño.
-Sí... es terrible –dije, y abrí los ojos, la serpiente se hizo humo y el humo se disolvió y miré la cara de ella. Seguía encima de mí, pero con los ojos mirando para dentro, buceando en su propia oscuridad.

Aquella noche dormimos muy abrigados.

6 comentarios:

Don físico dijo...

Maten la serpiente! (pero no la del Kundalini!!)

Dragon de Azucar dijo...

Excelente visión...

Lástima que tuviera que venir el cristianismo a destruir el simbolismo de la serpiente.

Saludos

JuanT dijo...

tu texto es...desconcertante. Tuve que leerlo varias veces para entenderlo todo, condensaste muchas ideas en pocas palabras.

Increíbble, como siempre.

Saludos!

Lucy in the Sky dijo...

Impresionante. Me encantan esos diálogos que inspiran posts como éste. "La verdad es más extraña que la ficción" dijo Twain.

Pppit dijo...

...pero entonces... no me quedó clara una cosa... ¿Tenia buenas tetas?

Patto dijo...

Don físico: Noo, que sino se acaba la historia.

Dragon de Azucar: No lo rompió, le agregó uno más :P

JuanT: uh, medio críptico decis?? y eso que copié cada palabra textualmente eh! (Cada palabra que me relató el amigo al que le pasó, claro). Graciee, pero créalo.

Lucy in the Sky: Sí, ni que lo digas! Bienvenida sea la ficción, que da sentido a este sinsentido.

Pppit: Cómo!? No quedó claro??? uff, voy a tener que hacer otro relato tonces... este definitivamente no sirve para nada...