Riesgo: (del ár. «rizq», don fortuito e inesperado, quizá a través del it. o del cat.; «Correr, Exponerse») m. Posibilidad de que ocurra una desgracia o un contratiempo. Tratándose de una desgracia suele usarse más «peligro»: ‘Le asusta el riesgo de perder lo poco que tiene. No hay ningún riesgo en probar’. Ô Arrisco, exposición, *peligro. Þ Arriesgar.
Diccionario del Uso del Español, María Moliner, 2 ed.
A veces es necesario tomar riesgos, a veces, no. No hay que arriesgarse en vano, hay que medir los riesgos, pero más que nada hay estar consciente de lo que cada uno quiere y de lo que se considera importante.
¿Para qué cruzar una calle corriendo una carrera al semáforo? ¿En qué beneficia fumar? ¿Alguna vez alcanzaron alguna revelación estando borrachos, o solucionaron algo?
Los "riesgos" ubicados dentro del marco de la "ley" vacuos, no existe un beneficio real en ellos. Nos hace pensar que el Estado nos cuida como si fuéramos imbéciles descerebrados prontos a correr con ojos vendados y tijeras en las manos, pero en realidad se cuida a sí mismo, prohibiendo todo lo que es riesgoso para sí y alentando todas las sustancias, metodologías y creencias que aseguren su continuidad.
El Estado demoniza a través de los medios y la "ley" todo Riesgo potencialmente beneficioso para la emancipación del individuo.