6 de marzo de 2008

Mirando a través del túnel del tiempo





No tengo horario de entrada a la oficina. Es uno de esos valores agregados que todavía logran darme algo de satisfacción con mi empleo.

Esta libertad horaria me permitió conocer los distintos niveles de hacinamiento y tortura de la línea B de subterráneos de Buenos Aires, conocimiento a partir del cual desarrollé la siguiente conclusión:
"Viajar después de las 8 a.m. equivale a agarrar todo el buen humor que uno puede llegar a tener a la mañana, meterlo en una lata, aplastarla, tirarla al inodoro de un baño público (mal cerrada) y luego desintegrarlo todo con una pequeña detonación nuclear."

Sé que este paralelismo no es totalmente eficaz, dado que no hace mención al sudor ni a los empujones, pero creo que sirve para dar una idea general del asunto.

Como decía, siempre intento viajar ANTES de la hora mencionada (hora "D" u hora de la Muerte Asfixiante, como quieran llamarla), con un gran porcentaje de éxito, debo decir.

Lamentablemente hoy me quedé dormido, o mejor dicho, alguna parte de mi cerebro (probablemente el lóbulo más irresponsable) fue lo suficientemente inteligente como para apagar el despertador de manera definitiva (bye bye znooze!).

Ergo, me encontré mirando los números rojos del reloj digital de la estación a las 8:33 a.m.. Dejé pasar dos subtes, o mejor dichos, permití que se detengan y continúen su camino a dos orgías de setecientas personas (cada una) comprimidas en largos chorizos de metal, vidrio y motores japoneses. Durante la partida del segundo subte, mi humor empezó a contemplar seriamente la idea de meterse en una lata...

Lo que hago en estas catastróficas situación es ir en dirección contraria, hasta la otra terminal (3 estaciones), y viajo sentado, leyendo, escribiendo, o simplemente mirando toda clase de pliegues de ropa y/o carne por el módico costo de quince minutos de vida.
" ¡Eso voy a hacer! " pensé, y también pensé " ¿Por qué no fui directamente a la estación de enfrente? ... la puta madre, la ... etc., etc. " . La estación Dorrego no permite cambiar de dirección, para ir al otro andén es necesario llevar a cabo las siguientes tareas: caminar hasta salir del anden, subir las escaleras, cruzar la avenida, bajar las escaleras y pagar noventa centavos (por segunda vez).

Estaba ubicado en uno de los extremos de la estación (técnica recomendada por el manual "Aprenda a viajar en subte en 24 hs, sin morir en el intento") y otra idea llegó a mi centro neurálgico. Caminé hasta uno de los extremos de la estación. Contemple la escalerita que baja al túnel mientras recordaba lo que hacía, a veces, cuando era un estúpido escolar (ahora puedo decirlo con total seguridad, ya que soy un estúpido empleado hace muchos años). Lo que hacía - más por diversión que por necesidad- era bajar a las vías y cruzar al otro andén, mirando que no venga ningún subte y teniendo cuidado de no pisar el tercer riel (alias "el fierrito que te frita").

Para aquellos que no conocen la línea B de la ciudad de Buenos Aires, les comento que es algo así como un túnel de diez kilómetros, en el cual gotean toda clases de substancias (que nadie quiere volver a ver), y por el cual pasan esporádicamente unos aparatos japoneses que probablemente fueron diseñados, en un primer momento, para el transporte de ganado o para formar el brazo de algún robot gigante.

El problema surgió cuando me acerqué al final del andén. Algo era distinto. Había una especie de campo de fuerza que pedía amablemente que me diera vuelta y no lo haga. En una primera instancia, pensé que este misterioso campo de energía podría denominarse como "Un terrible cagazo", lo cual me dejó pensando. " ¿Acaso soy más miedoso que antes? ¿O antes realmente era un terrible pelotudo? "

Entonces, mi mente -probablemente el lóbulo más consevador, que nada tenía que ver con el apagado del despertador- me explicó amablemente que no era un cagón, que simplemente me había vuelto más criterioso con el paso de los años.
Después de todo -me dijo-, subir y cruzar la calle no es un plan muy agotador y, además, no pone en peligro nuestra existencia.

En fin... el lóbulo me terminó convenciendo. Viajé sentado, leyendo, muy tranquilo y muy final feliz (si se le puede decir feliz ir a trabajar, claro).


Versión corregida.

11 comentarios:

Alejo dijo...

Viajar después de las 8 a.m. equivale a agarrar todo el buen humor que uno puede llegar a tener a la mañana, meterlo en una lata, aplastarla, tirarla al inodoro de un baño público (mal cerrada) y luego desintegrarlo todo con una pequeña detonación nuclear

JUAJAUJAUJAUJAU

slds

Don físico dijo...

Buenisimo pibe, estas vivo. ("voz paternal":- no vuelvas a hacer esa pelotudez !)

JuanT dijo...

¿La moraleja es que la temeridad es tal porque en realidad no conocemos las consecuencias? Eso puede ser verdad, y eso también comprueba por qué vamos a hacer siempre cosas estúpidas: necesitamos crecer para ver con más objetividad las consecuencias de lo que hacemos, y cuando somos niños no podemos, y tampoco le hacemos caso a nuestros padres así que...me alegro que estés vivo para contar que cruzaste el subte por dentro.

A propósito, ¿eso de cruzar el subte es algo común en Baires? porque cuando yo fui no vi a nadie tirarse.

Lau dijo...

Y eso que la linea B me parece que es la más decente! Creo que la moraleja es que Patto no perdió aún el niño interior (y además es un peligro en las calles de Buenos Aires) je je. Todo bien...yo tampoco ví a nadie hacer eso....pero si pasa de nuevo..ya se quien es!
Saludos! :)

Patto dijo...

Alejo: :)

Don físico: Noo, mientras tenga 90 centavos disponibles, no lo hago más.

JuanT y Lau: ¡No crucé el subte por dentro! ¿Qué les hizo pensar eso? Esta vez subi y pague... creo que hay algo terriblemente mal en la forma que estructuré el relato!!!

PD: No, no es nada común cruzar por abajo.

JuanT dijo...

A mi me quedo bien claro que no cruzaste por ahi, pero al parecer cuando eras chico lo hacías, por eso es que me alegro de que estés vivo.
Nada más que eso.

NeL!

Pit dijo...

No creo que sea peligroso hacerlo si se tiene el debido cuidado. El problema es que al hacerlo se da un ejemplo y se diluye la prohibicion de hacerlo, y de a poco todo el mundo lo empieza a hacer y cuando se convierte en algo "comun" se convierte en algo hecho sin cuidado, y ahi es cuando Pafate! un tren arroya un micro que cruzó con las barreras bajas y mata nosecuantas vidas que no eligieron ese destino.
Algunas cosas hay que no hacerlas no solo por el bien de uno sino por el bien de todos..

Alguno de esos chinos que sabian mucho dijo algo asi como que cuando se le pierde el miedo al enemigo ya se tiene la mitad de la batalla perdida... y tambien, por otro lado y sin ninguna conexion con lo antedicho, no me extrania que los subtes de origen japones sean promotores de orgias... (Siempre me cayeron bien los japoneses...)

Lau dijo...

Ahora releí el post y es verdad....al final el lóbulo conservador te hizo no cruzar. Pero bueno..jeje...igual te das cuenta de que si lo hubieras hecho nos preocuparíamos por tu seguridad! :)

Saludos!

Patto dijo...

JuanT: Ahhh, tonces entendí mal yo! :P

Pit: El famoso mal ejemplo, ahora mi lóbulo conservador tendrá una razón más para disuadirme de hacer estupideces en público!

Lau: Hace un par de días le hice un par de retoques (mínimos) para que quede más clara la definición del asunto.
Gracias por el feedback!


PD: Preocupen, no pienso cruzarlo nunca más!

Manco Cretino dijo...

Por favor!!!
Gracias a tu texto amo aun más a mi pueblo! Realmente.
Recién llego por tu blog.
Gracias, estoy mirando...
(mancocretino.blogspot.com)

Patto dijo...

Bienvenido!

¿Y cuál sería tu pueblo?

:P