La media –cosida y vuelta a coser– se resiste a mostrar los dedos del pie ¡clic! el agujero del zapato no es grande y las correas de tela endurecida lo siguen aprentando ¡clic! la botamanga del pantalón se apoya sobre el empeine que termina en zapato redondo y tapa el secreto del nudo doble para evitar accidentes ¡clic! el pantalón está sucio –casi tanto– como el cuero del zapato ¡clic! el polvo se aloja como un recuerdo en cada centímetro cuadrado de lona ¡clic! el cinturón que entra y sale de la hebilla que sostiene los pantalones ¡clic! es de metal –un material tosco pero resistente que cumple hasta el final– el cinto apresa la camisa contra el cuerpo ¡clic! la tela –celeste– se arruga bajo la presión ¡clic! hilos para afuera –como mechones desgarrados– dejan ver la falta de botones fundamentales ¡clic! el cuello doblado y sucio de hollín y cebo y materias orgánicas ¡clic! de la nariz todavía fluyen dos trazas oscuras que se desbordan de la cara y manchan la camisa con un tinte negro que se torna rojo ¡clic! sangre ¡clic! cuando los flashes de las cámaras de los periodistas golpean el cuerpo del minero extraído luego del derrumbe.
9 de mayo de 2008
2 de mayo de 2008
Triptico de Tierra (1 de 3)
Suspiro tierra, no me puedo mover –aunque sí pensar- quedo escuchante del tiempo ausente y suspiro tierra –las cosas no pasan- no hay tiempo más allá de mi pulso –que se va, que se va- no sé bien a dónde pero se va y no creo que vuelva suspiro tierra me duelen los ojos hay algo en el aire los hace llorar –no sé que es- no sé por qué lloro si ya está suspiro tierra no puedo levantar los brazos porque la madera no es muy alta no me queda ángulo –pensar que yo estaba orgulloso de mis brazos- pero ahora ya no sirven para nada no pueden evitar que siga tragando ese olor que se gotea por las grietas del ataúd –que me ata- suspiro tierra jamás pensé que me iba a morir en una posición tan incómoda –no es mi muerte planeada- yo quería ir consciente hacia ella –con una larga cola de novia blanca de experiencias que me respalde- y cuando me la encontrara –a la muerte- le tomaría la mano –blanca de huesos- y le diría "llevame tomame has de mi lo que quieras pues yo ya he vivido y no quiero seguir ocupando asientos en las mesas" entonces la muerte me miraría y sonreiría -siempre está de calavera- le brillarían las cuenquecitas de azul y me guiñaría un ojo imaginario y volaríamos a través de las paredes del hospital suspiro tierra hasta llegar a la sala de partos en donde me señalaría con el dedo hueso a la mujer que transpiraría a ser madre me metería en la unión de sus piernas para volver a jugar –así la imaginaba- una falsa muerte suspiro tierra de final cíclico no despegativo bien metafísico y optimista es que nunca pensé en un ataúd mal cerrado en un suelo húmedo y en esta postura que me está matando la espalda suspiro tierra, estornudo y me lleno la frente de astillas que arden y queman como mis pulmones.
25 de abril de 2008
22 de abril de 2008
100% EVO
Evo Morales, presidente electo de Bolivia,
dijo un par de cosas bastante interesantes nada más y nada menos que en la ONU:
Estas palabras me llenan de esperanzas. Sé que no tiene el poder suficiente para alcanzar la concreción de sus ideas en este tiempo, pero las pronunció en voz bien alta enfrente a varios líderes mundiales, en la mismísima tierra del norte.
Por algo se empieza.
dijo un par de cosas bastante interesantes nada más y nada menos que en la ONU:
“Si queremos salvar de verdad el planeta hay que exterminar el sistema capitalista”
“Los cambios climáticos no son producto de los seres humanos sino del sistema capitalista vigente, inhumano, con su desarrollo industrial ilimitado”
Es un error promover los biocombustibles, sólo sirven para automóviles de lujo y no para la vida humana al encarecer el precio de los alimentos.
Estas palabras me llenan de esperanzas. Sé que no tiene el poder suficiente para alcanzar la concreción de sus ideas en este tiempo, pero las pronunció en voz bien alta enfrente a varios líderes mundiales, en la mismísima tierra del norte.
Por algo se empieza.
Nota completa aquí.
10 de abril de 2008
Magia Negra

Como un hechizo
te lo digo
¿cómo te lo digo?
tres veces
tres
y te hechizo
para ver
si después de coger
seguís sintiendo algo:
¿Por qué tus ojos no se apoyan en los míos?
¿Por qué tus ojos no se apoyan en los míos?¿Por qué tus ojos no se apoyan en los míos?
no hay respuestas
/verbales
sólo ojos evasivos
que me rodean como a la tapa de un inodoro
que no encestan
mean afuera
y salpican los azulejos de un "no sé"
que se hace poema.
8 de abril de 2008
De la Paciencia

paciencia (del lat. «patientía»)
1 f. *Tranquilidad para *esperar: Aguante, calma, espera, *tranquilidad. Ó A su tiempo maduran las uvas. Ó *Aguantar. *Conformarse. *Flema. *Perseverar. *Serenidad. Ó *Impaciente.
2 Capacidad para padecer sin rebelarse o sin desesperarse. Ô *Conformidad, resignación. ¤ Capacidad para *aguantar cosas pesadas o molestas.
3 Capacidad para hacer cosas *minuciosas o *pesadas: ‘Tiene mucha paciencia para deshacer nudos’.
Diccionario del Uso del español de María Moliner
Estaba esperando en la cola de la caja rápida de COTO –para aquellos que no saben que es COTO les comento que es una cadena de hipermercados medio explotadores en el cual no me gusta comprar pero tiene cosas que no se encuentran en otros lados (y en esos otros lados tampoco tratan muy bien a sus empleados asi que compro), y la caja rápida es aquella en donde sólo se pueden comprar hasta quince productos (lo que deja ver lo irónico de su definición, dado que se generan más facturas por menos cantidad de productos, lo cual genera más demora)- entonces veo adelante a una ancianita con movimientos duros y toscos –como los que hace el cuerpo cuando empieza a fastidiarle eso de estar vivo- la anciana demora y demora de mo ra y de mo ra. Y yo pienso: Cuando nació esta señora no existían los supermercados, y menos los hipermercados. Antes iba al almacén y pedía –a viva voz, pero sin cantar, tampoco exageremos- lo que necesitaba. El almacenero hacía las cuentas a medida que los productos se acumulaban sobre el mostrador -que se limpiaba automáticamente con el roce continuo de la mercadería-, abría una libreta y anotaba los gastos de la señora –que la conocía desde hace muchos años, porque antes, todos siempre pero siempre se conocían desde hace muchos años ya- y la señora se marchaba.
En este caso, su identidad, su cuerpo físico -y el espiritual también, aunque no viene al caso- representaba toda la garantía que necesitaba el almacenero para entregar la mercadería sin percibir ganancia alguna. Piensen por un instante, la señora sólo tenía que apoyarse en el mostrador y verbalizar su intención de compra. Nada de perderse en Gondolandia con un chango –carrito de supermercado que dispone de cuatro ruedas (en el mejor de los casos) que sostienen una reja en forma de caja para colocar los productos mientras se pasea por los interminables y excesivamente iluminados pasillos sin tiempo de un supermercado- esquivando toda clase de humanos obtusos con maniobras agudas y sin perder la esdrújula de la dirección.
Piénsenlo así: la palabra y la presencia física –cosas que son muy difícil de olvidar al salir de casa- eran todo lo que se necesitaba para efectuar la compra. Pensé todo esto -y muchas cosas más que pueden transformarse en rebaños de posts o en alguna novela de no menos de 600.000 palabras-, y llegué a la conclusión de que en los último años de su vida el PROGRESO arrasó con su almacén para reemplazarlo por este inmenso y estúpido monstruo producto de un cerebro de intestino que quiso hacer una réplica tercermundista wallmarteño. « Pobre señora » pensé, y pasé el peso del cuerpo a la otra pierna. ¿La paciencia?
En este caso, infinita.
3 de abril de 2008
Del Campo II
Perdón por continuar con el tema del "campo", pero encontré un maravilloso informe que quisiera compartir con todos aquellos que quieran saber un poco más el quien y el por qué:
Con ustedes,
Con ustedes,
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